
Partió el vuelo de Richi desde el pie de la cordillera mendocina para Salta, al llegar siguió en colectivo aquella mañana de julio para Humahuaca. Por la ventanilla ve vistosos paisajes al lado del camino, a media mañana paran por un aperitivo, mientras charlan le dan unas hojas de coca, un sobre con diez hojas de hierba boliviana que son un primor.
Al mediodía llega Richi a San Salvador, en un puesto de la feria artesanal, está Pocha con su poncho y piensa que a Andrea le quedará joya. Pocha resiste la venta y le ofrece un calzado tejido de lana de vicuña. Richi piensa que tendrá los pies calentitos la patrona ese invierno.
Sigue para el altiplano el colectivo. Recuerda Richi el conflicto con Chile de 1978, él fue soldado en la puna de Atacama, primero en San Antonio de los Cobre y luego en Olacapato. Los primeros días fue una tortura respirar, otro soldado le da hojas de coca incautada en la Quica y la chupa. Las náuseas aparecen al instante. A los días los artilleros mueven los cañones como si fueran un triciclo con un estado físico de olimpiada. Los uniformados de borceguíes juegan partidos con la pelota que compraron con la recaudación de la rifa de la gallina negra cogote pelado que donó Chicha en Purmamarca. Se mueven como ardillas con la ropa de combate.

Décadas después, en julio de 2024 va Richi por el altiplano en el colectivo, el guía relata el paseo y escucha relatos de vivencias de tiempos perdidos.
El calendario de futbol de 1986 se juega en América, comentaristas indican que por la altura en Bolivia no será. El periodista relata que en 1970 se hizo el mundial en México y lo descarta a los dos países. El sorteo entre gallos y medianoche a los Aztecas los designa de nuevo.
El técnico argentino piensa dejar en forma a sus muchachos para el mundial. Mira el mapa mientras desayuna y el noticiero comenta que se juega en México, los relatos de la altitud y la falta de oxígeno es el tema del mes de los futboleros. Busca enciclopedias y le llama la atención la altitud de cada campo de juego y en su mente de médico el doctor Salvador que es el técnico le preocupa la capacidad pulmonar de sus pupilos.
Por su parte en la quebrada los pibes de las alturas arman un rejuntado que patea pelotas de trapos en los potreros. Zurcen con aguja e hilos las viejas camisetas del único equipo de Humahuaca, quedan en forma como para jugar una final, los pantalones con parches que parecen del circo y camisas de colores desteñidas. El plato fuerte del combinado del altiplano es el delantero con botines de lona marca Sacachispas con suela de caucho que le fiaron en la zapatería del Totito y a pagar en tres cuotas. El resto de la cuadrilla sigue con las gastadas zapatillas de lona de deplorable estado. Por su parte Dodi, con una aguja, un hilo se pone el dedal de metal en el dedo índice y remienda su equipo. Pero no hay número para ponerle en la espalda a su camiseta.
Al lado del Río de la Plata el doctor Salvador estudia terrenos y altitud de México, piensa cómo dejar en forma a sus muchachos. Los pibes están preocupados en las preguntas que le hará el periodista de la tele. Por la mente del técnico pasa a dónde llevar sus jugadores para aclimatar esos físicos del llano y de modernas ciudades. Su mente indica que el lugar debe ser como el que cabalgó Pancho Villa y Emiliano Zapata. Las comodidades que debe tener el alojamiento no inquietan al doctor, su preocupación es que estén en forma físicamente sus jugadores. Estudia geografías el médico de la pelota de los goles, debe hacer honor a su nombre de Salvador, en las noches se acuesta en su cama impaciente, se da vueltas y le cuesta conciliar el sueño. En la mañana a los bostezos sin pegar un ojo toma un café y se fuma unos cigarros. Está camuflado y oculto en su ambiente de humo mientras hojea el diario a metros del obelisco.
En la segunda noche de insomnio encuentra una salida a su conflicto de desvelos y paquetes de tabaco. No lo comenta para que no saboteen la idea y pasa a ser un secreto de Estado.
Al medio día reúne a sus hombres de camisetas y botines en el pasto verde de la cancha y les dice:
“Prepárense muchachos que mañana nos vamos, por un tiempito y lleven todo lo que le haga falta”-.
Corre la incertidumbre del equipo que a dónde irán, el misterio reina en la manada, amanece y en colectivo temprano va al aeropuerto, suben al avión y salen para el noroeste. Después de dos horas de vuelo carretea en San Salvador, allí se enteran que van por un mes al terreno de combate, pero que no van a un tour de compras de pilchas de marca para sus princesas. Desde que aterrizan tienen los veinteañeros la incógnita, suben a un colectivo y van horas por la ruta tirando para la Quiaca, todo indica que van a Bolivia por la altitud, el conductor no puede evitar la entrada de tierra y al fondo unos tosen con los pañuelos se tapan la boca.
A medida que avanzan por la ruta se va complicando la ventilación de los pulmones por la altitud y después de un par de horas llegan a un pequeño pueblo del pre altiplano, el cartel en la entrada dice: – “Quebrada de Humahuaca”-. Pasan un par de carretelas tiradas por caballos y a los metros Chacho el parroquiano montado en su mula, va a permutar en el negocio de Capacho un cuero de cordero por azúcar, yerba y harina.
Los chicos platenses del balón se sienten los actores de cine de una película, al final de la calle de la comarca los espera el único hotel que le falta unas estrellas, se detiene el colectivo en la puerta y ni el gato los espera. Eso si, el perro Titán del dueño del dormidero levanta la pata y bautiza con un chorrito de sus líquidos al astro del futbol.
Llega la hora del almuerzo, se queja Diego de la comida, de la gente que poco habla, de los gustos un tanto simples y modismos campestres. No tarda Paul en prenderse en la movida de los reclamos del capitán para reforzar la postura. Los pupilos del doctor Bilardo se sienten el caballo de comisario de la cuadrera de la tarde, pero en la Quebrada los desconocen, una vez a la semana llega un diario con noticias ya oxidadas.
Pasan un par de días y en la mañana del martes se escucha el grito del doctor Salvador:
“A aclimatarse vamos por un picado”-
Por su parte en su rancho de Humahuaca, Pumi se peina sus chascas morochas desprolijas, no tiene un centavo para Cachito el peluquero para emparejar esas mechas y se pregunta:
“Será cierto lo que dicen”-
Saca el técnico de la Quebrada, la bolsa con unos agujeros un par de zapatillas que compró de oferta, dos números más grande de Casa Roja cuando fue a sacar el documento en la ciudad.
A la remera de Cachito, lleva en la espalda un desprolijo 10 que le cosió Chicha con hilo rojo y le bordó un despatarrado Humahuaca en el pecho.
Sigue Diego sumando y anotando más quejas, por la comida, el agua, la almohada, ya no aguanta más:
“Para colmo ahora debemos jugar con este equipo de morondanga de camisas desteñidas”.
Al equipo de la quebrada lo dirige Rolo, que pide el día para no arar la chacra de Lucho con la promesa que ira el lunes.
De contrincante está el seleccionado de celeste y blanco, del doctor Salvador con ese perfil porteño que incomoda a los poblanos. Un periodista con cámara de la capital está atentos a la paliza que le darán a este rejuntado del campo donde termina el país. El árbitro se pone el impecable equipo negro con tiras blancas, con el silbato en los labios da el pitazo inicial y se pone en marcha el juego. La izquierda de Diego puso en marcha el juego, un par de pases con los botines impecables, reluciente el cartel de la marca. Pasa la pelota y los pibes de Humahuaca ni la tocan: En el ángulo del arco que custodia el Cholo, clava la redonda cascos negros.
Arrancan los Humahuaca con un toque de Topi de su zurda, se la quita Diego con clase y pone el segundo como una flecha en la esquina que es imposible parar. Los creen que están en un estado excelente, con una precisión de francotirador y el marcador estampa un dos a cero, les dice al rejuntado de los parroquianos:
“A ver si empiezan a jugar che”.
Se van a descansar debajo del árbol con un cuatro a cero de aquel primen tiempo.
El técnico de la quebrada, Rolo del pantalón rotoso, con la mano indica a los de Humahuaca:
“Ahora muchachos, empiecen si quieren”, se escucha el tono jujeño masticando unas hojas de coca, mientras mira al doctor Salvador que fuma la segunda decena de rubios.
Suena el pito, arranca el segundo tiempo con un toque con la maestría de Paul de la celeste, se la quita con la derecha Lupito, el delantero de la Quebrada de pantalón rojo, dos toques y se la pasa a Cachito que gambetea uno, dos, tres de la selección y con una perfección la clava en el arco, cuatro a uno indica el marcador, al minuto de empezar el segundo tiempo la altitud pasa la factura a los muchachos de la celeste. Al rato los locales se ponen cuatro a cuatro. Se agrandan los Huma, no se hace esperar Cachito con su guiñada de ojo a uno de celeste y en jujeño básico le dice:
“A qué hora empiezan a jugar muchachos”-
Las gacelas de camiseta pulgosas juegan su ficha, el número diez mal cosido de Cachito marca el quinto y el sexto. Antes de terminar el seleccionado celeste pierde con el rejuntado de Humahuaca con ocho tantos de Cachito contra cuatro de Diego de la celeste y se agarra la cabeza. El diario del lunes nada dice de aquella paliza.
En el tablero, el doctor Salvador piensa que fichas jugar, cuando amanece los lleva a la mina de cal abandonada hace décadas a leguas, los pibes de la celeste están a más de cuatro mil metros de altura, en un pequeño playón de la lomada los pone a hacer ejercicios para mejorar la ventilación de esos pulmones del llano, les grita a sus jugadores:
“Respiren hasta por las orejas muchachos”-
Un siglo fue aquellos cuarenta días de la selección en Humahuaca, se escucha a Diego que dice que si ganan la copa volverán acá a la Quebrada a agradecer.
Al mes los muchachos del doctor Salvador Bilardo están en forma, la celeste parte a México con sus bolsos negros llenos de ilusiones. Comienza el mundial de 1986, van quedando en el camino el resto de los seleccionados del mundo y regresan con los bolsos como salieron de sus países solo la ropa.
Llega la final en la cancha de las alturas de México, tribunas repletas de fanáticos del Río de la Pata con grandes carteles, bombos y gritos. Cuando entra a la cancha Diego se persigna y dice que si ganan irán a agradecer a Humahuaca. Cuando suena el silbato que pone fin al partido dan la vuelta olímpica corriendo con la copa del mundo en los brazos, la besan y corren eufóricos. Se paran y posan para la fotografía de las tapas de los diarios del mundo.
Camina un julio de 2024 Richi por la plaza de aquella quebrada, han pasado los años, debajo de la lengua va chupando una de coca en Humahuaca y debajo del pino de la plaza la colla Patagua con su vestimenta de vistosos colores le ofrece un gorro de lana de vicuña, piensa en los inviernos y le compra un talle médium para Andrea su princesa rubia de nariz aguileña y ojos de mar, se dibuja en su rostro el perfil de macho alfa de la manada a Richi.
Las promesas se cumplen, se escuchó en 1986 a la Virgen de la Quebrada, pero ninguno de aquellos jugadores vuelve a las alturas de Humahuaca. Tanto es así, que en dos instancias finales las pierde la celeste y blanca y es así que no pudieron con Alemania ni con Francia.
Un miércoles del 2020, Goico, aquel arquero que atajaba los penales, un lluvioso septiembre en Rosario se entera de aquella historia. Se toma el lunes un avión a Jujuy y luego sigue en colectivo a la Quebrada a agradecerle a la virgen. Los humahuaqueños le cuentan que la virgen no entiende la demora desde 1986 y que está indignada, que ninguno de aquella selección vino a mostrar gratitud en 36 años.
El miércoles va en el vuelo de Barcelona a París la estrella que temen las redes del mundo del futbol, en agosto de 2021 le cuenta estos detalles a Lionel lo ocurrido, y a los días el Paris Saint Germain les prestó al diez.
En silencio vino en su avión hasta Paraguay sin aviso y una camioneta lo llevó a la Quebrada de Humahuaca. Dos horas estuvo Lionel en la puna y le dijo:
“Acá estoy, te pido disculpas por la demora de tres décadas y medias”- y ante la virgen de Humahuaca se persigna.
Vuelve a Paraguay y cuando llega a Paris antes de entrar a estadio de Saint Germain dijo:
“Palabra cumplida”- y al muchacho de Rosario se le cae unas lágrimas.
Desde aquel 1986 el número diez de la Quebrada es de Cachito, recuerdan los parroquianos aquella tarde que les encestó ocho en el arco de la selección de su país, en Humahuaca el diez es únicamente de él, está vedado usarlo, es Cachito, el mago de la zurda de las alturas. En la cruz, el día de su partida al cielo en el 2007, le ponen en el cementerio de Humahuaca una camiseta desteñida de la selección sin número porque todos saben que se va el diez.
Las promesas se cumplen, dice la abuela Ome, en Qatar aquel 18 de diciembre de 2022 la Virgen de Humahuaca mira su agenda, y ve aquel débito rojo convertido en un haber en azul, de promesa cumplida y en recompensa les bendijo el último tiro del penal de esta historia.
“La cuenta esta saldada dicen los parroquianos de la Quebrada de Humahuaca”-
Apagan la tele y caminan al bar cantando: Argentina, Argentina …..con una gran bandera, en la puerta está el cartel de la marca de una cerveza salteña y al lado con grandes letras dice “Cachito el 10”. Se sientan y piden un par de latas frescas de espuma blanca en copa grande de campeones.
Ricardo Sopeña 2025
